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El bingo se diferencia de otros juegos de azar en que permite que el número de jugadores no tenga límites. Esto quiere decir que si es un grupo pequeño de amigos se pueden reunir en una casa y disfrutar de un bingo para toda la familia. Además se puede congregar en una sala a muchas personas que no tienen un conocimiento mutuo.
En la totalidad de casos se va a tratar de una interacción en la cual todos comprenden las normas del juego y se van a dedicar a compartir momentos de agrado. Más allá de ser una actividad individual no se podría implementar sin otros participantes. Es en este tipo de práctica social en la que se va a generar una energía positiva que va a oscilar entre la tensión y el desenlace del juego.
En el marco de los juegos de azar el bingo va a permitir que se intervenga por parte de personas sin que se diferencie entre edades ni género. Es así que tanto en el caso de hombres como de mujeres, niños y adultos se va a poder participar en condiciones idénticas. Solamente resta la disposición del bolillero con los números y los cartones sobre una mesa para que se reúnan en torno a ellos, ganas de jugar de un abuelo con los nietos, una maestra con sus alumnos y de un padre con sus hijos.
Debido a la simpleza del juego es una instancia de inclusión y de aprendizaje para los más pequeños y por otra parte va a funcionar como un integrador de todas las edades porque los adultos sin límites de edad participan y disfrutan del bingo.